El terror no espera la noche, sino que reside en la aceptación de la locura. Dani elige el folclore sangriento sobre la soledad del mundo real.
La estética de Midsommar es engañosamente hermosa. Las túnicas blancas, las flores de mayo, los prados verdes. Pero cada elemento tiene una función oculta. Las runas pintadas en las puertas no son decoración; son hechizos de protección y atadura. La hierba que colocan en las almohadas de los visitantes tiene propiedades psicotrópicas. Las comidas están cargadas de vello púbico y sangre menstrual (el "amor" líquido que bebe Christian). El terror no espera la noche, pero espera en cada pétalo y cada raíz.
Esta decisión estética genera una disonancia cognitiva en el espectador. Estamos programados para asociar la luz con la seguridad y la verdad. En Midsommar , la luz es cruel. Ilumina cada detalle grotesco, cada mueca de dolor y cada ritual sangriento con una nitidez que hace que la violencia sea ineludible. El horror no está en lo que no podemos ver, sino en lo que vemos claramente y nos negamos a aceptar. Midsommar- El terror no espera la noche -2019- ...
A diferencia del horror convencional que se esconde en las sombras, Midsommar utiliza la claridad absoluta del verano sueco para exponer los traumas de sus protagonistas. La historia sigue a Dani, interpretada magistralmente por Florence Pugh, una joven que atraviesa un duelo devastador. En un intento por salvar su relación tóxica con Christian, decide unirse a él y a sus amigos en un viaje a una remota aldea en Suecia para celebrar un festival que ocurre cada noventa años.
Ari Aster es meticuloso. Midsommar está estructurada como un ritual pagano en nueve actos, replicando los nueve días del festival. Cada evento está inspirado en tradiciones nórdicas reales (exageradas, claro está) y en el folclore sueco. Vamos a desglosar los elementos clave: El terror no espera la noche, sino que
Este exceso de luz produce varios efectos:
Dani se aferra a una relación tóxica con Christian (Jack Reynor), un hombre egoísta y académicamente vacío que ya ha planeado un viaje a Suecia con sus amigos (Josh, Mark y Pelle). Pelle, el amigo sueco, es el gancho narrativo: los invita a una "comuna" en Hälsingland para celebrar el festival de Midsommar, un evento que ocurre cada 90 años. Lo que parece una escapada exótica para olvidar el trauma se convierte en un descenso a un infierno pastoral. Las túnicas blancas, las flores de mayo, los prados verdes
Lo que comienza como un retiro idílico y antropológico en la comunidad de los Hårga, pronto se transforma en una pesadilla ritualista. La brillante cinematografía de Pawel Pogorzelski satura la pantalla con colores vibrantes y una exposición constante, logrando que el espectador se sienta tan atrapado y desorientado como los personajes. En este lugar, el sol nunca se pone, eliminando el refugio de la oscuridad y obligando a los personajes a enfrentar la violencia y el fanatismo sin filtros.